Existe un consenso global respecto de la urgencia de reducir los niveles de consumo para minimizar el calentamiento global. Sin embargo, uno de los grandes obstáculos para la propagación de valores y conductas sustentables es la arraigada concepción de que lo ecológicamente responsable riñe con lo placentero y feliz.
Uno de los primeros en detectar esta distorsión fue Ed Diener, uno de los fundadores de lo que se llama hoy Psicología Positiva, o estudio científico del bienestar, la felicidad y de lo que hace que la vida valga la pena. Diener señaló que, al menos en EEUU, si bien los ingresos promedio se han duplicado en los últimos 40 años, y por lo tanto, el acceso a bienes de consumo, los índices de bienestar no han variado, y peor aún, las enfermedades mentales han aumentado sostenidamente. Pese a ello, en un estudio dirigido por él mismo se evidencia como la mayoría de los estudiantes norteamericanos buscan, por sobre todo, tener acceso a empleos que les signifiquen altos ingresos más que a tener vidas significativas.
En otro estudio llevado a cabo hace pocos años en Inglaterra se demostró que, sobre cierto nivel de ingreso anual, el aumento de dinero disponible no hacía más felices a las personas. Específicamente, ganar 20 mil al año o 200 mil no implicaba un aumento en el bienestar percibido. Esto confirma los hallazgos de Diener y Myers (2002) en su extensa revisión de la literatura relacionada, donde concluyen que las mayores fuentes de satisfacción son inmateriales.
Más recientemente se ha indagado acerca de la relación entre conductas ecológicamente responsables, consumo y bienestar. En un interesante estudio con adolescentes y adultos, Brown y Kasser demostraron que el bienestar psicológico y las conductas ecológicamente responsables no solo son complementarias, sino que también se potencian: las personas con hábitos ecológicamente responsables son más felices que las demás. Esto se explica principalmente por dos factores: los valores (o motivaciones) y la calidad de la atención a lo que uno hace.
Explicaré brevemente el primero de estos factores. La teoría de la autodeterminación ha descrito dos tipos de motivación: la motivación intrínseca es aquella que se orienta a satisfacer necesidades internas como la autonomía, la calidad de los vínculos y el desarrollo personal; y la motivación extrínseca por su parte, es la que vela por satisfacer necesidades como el éxito económico, la popularidad o la imagen. Evidentemente, las personas orientadas por motivaciones intrínsecas no tienen la necesidad, por ejemplo, de comprar grandes autos que consumen mucha bencina o de renovar su closet con frecuencia.
En este horizonte, parece ser razonable cuestionar el supuesto que sostiene las conductas de consumo irresponsable, y promover como antídoto valores intrínsecos por sobre los extrínsecos. Esto no sólo porque implica conductas más social y ecológicamente responsables, sino también porque nos harán definitivamente más felices. Lo dicen los estudios al menos.




Muy buen post! Absolutamente de ...
Muy buen post! Absolutamente de acuerdo con lo que se expone. Creo que en Chile es necesario empezar a generar acciones que ayuden a educar a la gente sobre este tema!